Con la mayor complicidad, silencio e indiferencia de las autoridades nacionales y municipales, en particular las del Instituto Nacional de Cultura, nuestra memoria histórica, los conjuntos monumentales, el patrimonio arqueológico, los textos y archivos originales de la vida de este país, van desapareciendo o deteriorándose, y con esto se desvanece nuestro ser. El vandalismo dejó sus huellas en el busto que honra al primer grito de independencia en La Villa de Los Santos, y otro tanto marca las ruinas de Portobelo. Estos hechos son una confirmación del abandono y el poco importa que la población mantiene hacia los objetos y bienes que alimentan nuestra identidad. Quizás, si el INAC dedicara más recursos a la divulgación de nuestra riqueza histórica y menos al roaming de sus funcionarios, habría un poco más de conciencia. En todo caso, a unos meses de que la ciudad de Panamá cumpla su quinto centenario, la gran ausente de los festejos es la cultura. La clase política panameña nunca se ha caracterizado por su protagonismo y respaldo a las artes, las humanidades y las ciencias. Para ellos, los ciudadanos ilustrados y críticos son una molestia.
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18 jul 2018 - 05:00 AM
