A pesar de las altas tasas de crecimiento económico que tuvo Panamá de 2000 a 2015, no se lograron los Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados por las Naciones Unidas. En materia de salud, este rezago se manifiesta con tasas inaceptables de defunción materna, así como en la cantidad de infantes panameños que mueren al nacer, o los que fallecen antes de cumplir los 5 años. Adicionalmente, el país está en mora con la atención y prevención del VIH/sida. Ahora, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030, Panamá debe apurar la marcha para cerrar la brecha en materia de salud. Es claro que, en estatemática, las políticas públicas ancladas en la inequidad, el puritanismo, la discriminación, al igual que la falta de profesionales expertos en la materia, no solo en las entidades de salud, sino también en educación y economía, nos enfrentan a la paradoja de que el problema no radica en la falta de recursos, sino en las organizaciones y las personas que las lideran. Esperar hasta 2030 para ofrecer la misma respuesta es una irresponsabilidad. Este es el mejor momento para actuar y lograr, de una vez por todas, los resultados que Panamá merece.
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16 jul 2018 - 05:00 AM