El aumento de la tarifa eléctrica ha unido a toda la nación contra el descarado intento de obviar darle solución al verdadero problema. El sistema regulatorio de los servicios de generación, transmisión y distribución de la electricidad es una caricatura de lo que un país que aspira a ser competitivo debería tener. Cuando aumentó exageradamente el precio de los derivados del petróleo, cuyo barril bordeó los 150 dólares, la tarifa eléctrica se ajustó proporcionalmente. Se nos ha prometido a los panameños desde los tiempos del IRHE que las hidroeléctricas iban a garantizarnos energía barata. Esto nunca fue cierto. Teniendo la oportunidad de aprovechar el viento, el sol, las mareas y la basura, se sigue optando por los altamente contaminantes combustibles fósiles. Además, los consumidores deben sufrir los daños causados por los apagones y las fluctuaciones del servicio. Estamos castigados por la falta de luminarias en aceras y áreas públicas, y todos los reclamos deben enfrentarse a un bizantino proceso, que casi nunca los resuelve. Si se concreta la iniciativa del Gobierno de cubrir con fondos públicos parte del tarifazo, solo se estará usando otro bolsillo del mismo pantalón: el de los contribuyentes, para pagar por la misma ineficiencia.
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13 jul 2018 - 05:00 AM