Se levantó el telón. Finalmente, el magistrado fiscal Harry Díaz tuvo la oportunidad de leer su acusación en detalle, los hechos, los testigos, los documentos, los informes y los datos, que han fundamentado por casi tres años el caso de los pinchazos, la extradición y el actual proceso del ciudadano Ricardo Martinelli. Ahora todas las piezas del rompecabezas se integran. Este no ha sido el foro para los disfraces o la pirotecnia judicial, porque el magistrado juez de garantías, Jerónimo Mejía, ha sido ecuánime, docente y sumamente paciente con todo lo ocurrido dentro y fuera de la sala de audiencias. Mejía sabe que su rol está por terminar, y que la historia lo recordará por el que posiblemente sea el caso más relevante de su carrera. Sus colegas del pleno deberán ponderar pruebas, alegatos y descargos. Todavía puede haber sorpresas o malabarismos dilatorios. No se debe permitir más deslealtad procesal de quienes han querido ahogar a la justicia. La Corte Suprema no tiene justificación ni fundamento para desprenderse de la competencia de este caso. Su deber es continuarlo hasta el final. Los panameños merecemos la verdad y la esperanza de que la justicia es posible.
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10 jul 2018 - 05:00 AM
