En medio de un ambiente turbulento, comienza hoy el quinto periodo de sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional y todo parece indicar que una parte mayoritaria de las bancadas de los partidos opositores PRD y CD apoyará la reelección de Yanibel Ábrego como presidenta. Pocas cosas podrían arrojar más preocupación acerca del destino del Órgano Legislativo que esa noticia, ya que si hay algo que distinguió la anterior legislatura, fueron sus escándalos y despilfarros. La reticencia a entregar información de carácter público que respalde el manejo de planillas que benefician a círculos familiares y políticos de los diputados y la conformación de una Comisión de Credenciales presidida por el Partido Panameñista, que luego fue defenestrada, son apenas una muestra de lo que se han cocido tirios y troyanos en el turbio caldo legislativo. Aunque parece no existir un adecuado sistema de balances y contrapesos que garantice la independencia en el ejercicio del poder por vía de los diferentes órganos del Estado, ello no debe ser excusa para que alguno de ellos transgreda las leyes ni la Constitución, mucho menos aquel que está llamado a ser el más representativo de la población del país. El Legislativo no puede erigirse en una reencarnación contemporánea de Nerón, prendiendo el país mientras entona con su lira la música que solo sus oídos quieren escuchar.
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01 jul 2018 - 05:00 AM