El contralor ha hecho lo que todo funcionario en conocimiento de un hecho de apariencia delictiva debe hacer: denunciarlo ante la autoridad competente. Ahora todos esperamos el despliegue inmediato de investigaciones prolijas para llegar al fondo de esta larga cadena de irregularidades en el manejo de fondos estatales de la Asamblea Nacional. Se ha mencionado el nombre de un diputado vinculado a estos hechos sospechosos, pero hay muchos más que seguramente irán saliendo a medida que la Contraloría General de la República audite las planillas del personal asignado a sus respectivos despachos (080) o en el manejo de los contratos por servicios profesionales de la Asamblea (172). Y es que los niveles a los que hemos llegado –entre corrupción e impunidad– empiezan a asquear. ¿Dónde terminará todo? Ciertamente, Panamá no transita por sus mejores senderos. Los mismos actores de nuestra democracia ponen en riesgo el sistema, pues en asuntos de Estado siempre priman sus intereses, olvidando que se deben a las mayorías del país. Ojalá estas denuncias que impulsa el contralor no terminen en saco roto. Hacerlo es seguir pisoteando la democracia.
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29 jun 2018 - 05:00 AM
