Ayer, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un decreto que terminó con la nefasta política de separar a las familias de los migrantes indocumentados. Los relatos dantescos de infantes encerrados en jaulas o durmiendo en lonas entre llantos y confusión, consternaron a la opinión pública mundial. Muchos países enfrentan un serio problema migratorio, pero utilizar a la niñez como rehenes de la política de cero tolerancia es un absurdo. La migración latinoamericana es el resultado de la violencia y la miseria, y de la desesperanza y la corrupción. El enorme presupuesto asignado a la construcción de un muro fronterizo podría servir para levantar las precarias economías del triángulo norte de Centroamérica, y fortalecer la gobernabilidad mexicana. Las migraciones persistirán mientras existan las causas que las impulsan. Las sociedades abiertas no pueden darle la espalda a esta terrible realidad. La condena internacional contra la separación de las familias, debe ser el comienzo de un gran diálogo mundial, para resolver de forma humanitaria el gran desafío de la migración. Los pueblos oprimidos siempre buscarán la libertad.
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21 jun 2018 - 05:00 AM
