No cabe duda de que los políticos son una casta superior, gracias a su propia mano y a nuestra indiferencia. Mientras los ciudadanos de a pie debemos enfrentar la justicia sin subterfugios, privilegios ni fueros, ellos no pueden ser tocados porque el blindaje que los protege es a prueba de jueces, fiscales, magistrados, policías o cuanto agente de la ley y la justicia tenga el Estado panameño. La llamada prueba sumaria -necesaria para abrir un proceso judicial en contra de un diputado- es su armadura de acero. Pero esta es tan vulnerable o impenetrable como lo es la voluntad de los magistrados de la Corte Suprema para hacerlos responder por sus abusos. Y como no existe voluntad, los electores y la sociedad en general somos el hazmerreír de los magistrados y de los diputados. Algunos magistrados no tienen nada que envidiarle a la pestilencia que acompaña a los diputados. La Corte despide el mismo olor.
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18 jun 2018 - 05:00 AM
