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Hoy por hoy

Cuando creímos que ya todo se sabía sobre los escándalos en la Asamblea Nacional, salta la liebre... otra vez. Una auditoría concomitante realizada por la Contraloría General de la República a la planilla 080 reveló que un grupo de nombramientos no tenía sustento y se ordenó la suspensión de los pagos. Los 11 diputados responsables de esta belleza pertenecen a todas las bancadas, e incluyen al hermano del presidente de la República. Por estas, y seguramente que por otras irregularidades, es que la Asamblea se resiste a una auditoría forense de la Contraloría. Si los diputados ven una conspiración política en su contra con cada auditoría que ordena el contralor, ¿que podemos pensar los ciudadanos frente a los hechos que las motivan? Como dirían los propios diputados: uno más uno es dos. No hay pretexto para que un diputado administre fondos o tenga una planilla a su disposición. Esa epidemia de opacidad y de ausencia de rendición de cuentas debilita las instituciones y le abre las puertas al populismo. La clase política ha aumentado la deuda ética de la democracia; tarde o temprano esa cuenta tendrá que pagarla.

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