Desde Río Grande hasta el monte Aconcagua, hay una fraternidad de personajes latinoamericanos que se ufanó de colaborar con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Algunos de estos seres pasaron a la historia por sus apellidos: Montesinos, Contreras o Noriega. Otros pertenecían a grupos con nombres como “Los Tecos” en México, “La Contra” en Nicaragua, “La AAA” en Argentina, y muchos otros que son un pie de página en la historia latinoamericana. Esos detritos de la Guerra Fría debían haber sido superados. Las agencias de inteligencia de las principales potencias del mundo tienen una gran deuda con la democracia latinoamericana y, al parecer, el gobierno de Ricardo Martinelli forma parte de ese listado de ominosas cuentas. La carta divulgada ayer fue escrita en prisión por un hombre desesperado que busca influir en un exdirector de la CIA que ahora es secretario de Estado. Para el expresidente panameño este será el momento para conocer que las instituciones de la justicia están por encima de las tinieblas y los favores que en algunos casos exceden las facultades legales y constitucionales del primer mandatario de una nación. Una vez más queda claro para todos los políticos que aquel que sirve a una agencia de inteligencia no está comprando un seguro de vida, sino un grillete a perpetuidad. Pase lo que pase con Martinelli, siempre se sabrá que obedeció a Estados Unidos por encima de servir a Panamá.
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26 may 2018 - 05:00 AM