El 19 de julio de 1994, la nave HP-1202, de la aerolínea Alas, explotó en el aire causando la muerte a 21 personas. Las pesquisas subsecuentes indicaron que posiblemente se trató de un acto terrorista vinculado a grupos radicales islámicos. Después de casi 24 años, nuevas pistas proporcionadas por el Gobierno de Israel pueden llevar a que el Estado panameño pida la reapertura del caso. Los panameños debemos entender que nuestro país es vulnerable a esta clase de violencia, la que se aprovecha de las mismas fisuras institucionales utilizadas por el narcotráfico, la delincuencia organizada o la corrupción. El mismo servidor público que facilita una visa o una afiliación en la Caja de Seguro Social a cambio de un puñado de dólares, puede servir de herramienta para el terrorismo. La misma desidia con la que se descuidan nuestras fronteras sirve igual para el tráfico de seres humanos, drogas y armas. Hoy más que nunca, necesitamos un Estado de derecho robusto, con instituciones blindadas contra la corrupción y el poder del dinero. Nuestro sistema financiero debe ser vacunado contra el blanqueo de capitales. La integridad de un buen gobierno es la mejor protección contra todos los crímenes.
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22 may 2018 - 05:00 AM
