El torneo electoral arranca formalmente en el día de hoy. Las principales fuerzas políticas del país llevan por lo menos dos años haciendo inscripciones de nuevos miembros, alineando donantes y contratando consultores para la intensa campaña electoral que se avecina. La meta es llegar al Palacio de las Garzas y al Justo Arosemena, pero el camino hacia allá es un reto, no solo para los candidatos.
Sobre los hombros del Tribunal Electoral recae el peso de un proceso electoral que incorpora elementos inéditos:se han fijado topes a los gastos y el tiempo de campaña; se ha establecido la obligación de revelar la identidad de los donantes; se ha prohibido la publicidad estatal, y la participación de funcionarios en cargos de elección popular en la inauguración de obras públicas. Además, el voto será secreto en las elecciones primarias; habrá un límite a las curules que se le pueden adjudicar a un partido por la fórmula del residuo; se abre la posibilidad de que un candidato presidencial postule aspirantes al Parlacen, y se tipifica el clientelismo como causal de nulidad de una elección o proclamación. Quizá uno de los retos más grandes a enfrentar sea el de las redes sociales, las noticias falsas y las campañas sucias. El Tribunal tendrá que velar por el cumplimiento de estas normas. Sin embargo, somos los ciudadanos los llamados a defender el juego limpio democrático y la honestidad del proceso. Preparémonos.
