En tiempos recientes ha proliferado una actitud fenicia y transaccional con respecto al voto. Así, el máximo derecho y deber ciudadano ha sido intercambiado por jamones, sacos de cemento, electrodomésticos, dinero en efectivo y ofertas de becas o empleos en el sector público. Como nación hemos sido testigos de la transformación de los diputados y sus lealtades legislativas en objetos de intercambio. Así nacieron los tránsfugas y así también proliferaron las planillas de botellas y de ciudadanos extorsionados para que formaran parte de las redes de corrupción interminables que rodean a la Asamblea Nacional. El voto por una botella, la acción de ir a la urna a cambio de una camiseta, o instigado por un jingle pegajoso, son actos de irresponsabilidad y de egoísmo. La falta de medicinas, la condición de las calles, el alto costo de la vida, la educación mediocre, la inseguridad pública y la impunidad en los grandes casos de corrupción son nuestra culpa colectiva, ya que como ciudadanos hemos elegido a aquel que nos conviene, o quizás al que nos parece la menos mala de las opciones. Nos corresponde informarnos sobre las propuestas de los diversos candidatos, cuestionar sus planteamientos demagógicos y conocer a conciencia su hoja de vida; solamente así lograremos construir un Panamá mejor. Comencemos con nuestro voto.
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29 jul 2018 - 05:00 AM