Ayer empezó a deshacerse el último conflicto fundamentado en la división ideológica entre el capitalismo y el comunismo.
El proceso diplomático entre las dos Coreas es parte de una nueva realidad mundial. A ninguna de las superpotencias le conviene una conflagración nuclear en Asia.
Más allá del simbolismo mediático y del optimismo que produjo el evento, vale recordar que Corea del Norte sigue siendo un régimen tiránico y abusivo de su población. Las causas que fundamentaron las diferencias ideológicas han trascendido generaciones de coreanos, pero lo cierto es que los jóvenes de ambos países aspiran a tener teléfonos inteligentes y vehículos rápidos, y viajar por el mundo. Esos sueños compartidos solo se pueden realizar en Corea del Sur.
La diferencia abismal en la calidad de vida de los habitantes de las dos repúblicas responde la pregunta de cuál sistema es mejor. Si se llega a concretar una península libre de armas nucleares, seguramente la reunificación será posible.
Todo esto no será fácil, pero los extremistas y fanáticos de ambos lados tuvieron que ceder el día a los idealistas y pragmáticos. Sería muy ingenuo pensar que se repetirá lo que ocurrió con las Alemanias hace casi tres décadas . Las dos Coreas tienen tradiciones históricas y culturales muy diferentes a las germánicas. Sin embargo, una vez más, la diplomacia decidida ha demostrado que es el mejor camino para la paz.
