El Gran Hermano, el Dios pagano, el guardián de la sociedad, el juez supremo, el infalible y omnipresente gran represor del pensamiento crítico, como lo expresó George Orwell en su novela 1984, dicta un ukase militar: El comunismo ha muerto en Cuba. Fidel es asesinado por el régimen totalitario que él en su egolatría creó.
La nueva Constitución cubana decreta que la inversión extranjera, el capital, es indispensable para salvar la fracasada economía socialista. La propiedad privada es ahora legal. Venezuela, el principal proveedor, se tambalea, la pobreza extrema es el detonante de la rebelión ciudadana contra la dictadura de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.
Cuba, la única alternativa que tiene para subsistir, es seguir el ejemplo del Vietnam heroico, de la China de Mao y la Rusia de Putin, el capitalismo de Estado.
El próximo paso es eliminar el partido único, democratizar la sociedad con el respeto a los derechos humanos y poner en libertad a los presos políticos; de lo contrario, la presión popular se hará sentir para liquidar los remanentes de una dictadura hereditaria que se caracteriza por el terrorismo de Estado. Fidel será un mal recuerdo, una pesadilla infernal.
El andamiaje ideológico de la izquierda latinoamericana y sobre todo, la panameña, queda sin cabeza ni pies; la retórica antiimperialista, los postulados inamovibles de una ideología retrógrada están en el despeñadero de la historia.
El dogmatismo absurdo y grotesco, típico del fanatismo, demostró ser una pequeña hoja que la dialéctica con una leve brisa primaveral se lleva a la dimensión de lo desechable.
La izquierda de Panamá, una vez más, será amanuense de la plutocracia, como sucedió en México con la dictadura perfecta del PRI. Stanley Motta ya no es el enemigo. Stanley es un importante factor del desarrollo de la nueva Cuba. La Zona Libre de Panamá ha sustentado a la economía cubana durante el bloqueo de EU. Una paradoja dialéctica.
El caos de Nicaragua y Venezuela es una lección amarga para los comunistas, perdón, para la izquierda. Pepe Mujica ya lo advirtió, Daniel Ortega, Evo Morales y Nicolás Maduro, ya es tiempo de irse, de ser otros. La historia no perdona la estulticia.
El siglo XXI liquidará a la izquierda y la derecha, antes líneas paralelas, hoy son una conjunción de corrupción y de gobiernos autocráticos.
El autor es escritor