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36 es más que 20… Irresponsables

Se acabaron con el paso del tiempo las maravillas del mundo antiguo, incluso el recuerdo de sus nombres se diluye y en este mundo multitudinario y complejo, ni siquiera identificamos con certeza las maravillas del mundo moderno. Una vez leí, bien lo recuerdo, que en su inocencia un niño identificaba como maravillas del mundo otras muy distintas a aquellas físicas y concretas construidas por las civilizaciones, como el amor, la vista, la música, la familia y, por esa vía puedo coincidir en unas y figurarme otras como el amor, la generosidad, la justicia, la sinceridad, la humildad, la bondad, la templanza, la libertad, la prudencia y el valor, entre otras virtudes que perfilan los seres humanos más cercanos a la perfección, cualidades que todos deberíamos poner empeño en cultivar y hacer crecer en nosotros mismos, proyectándolas en cada acto nuestro.

Y, créase o no, también en la política cabe aspirar a que haya más virtudes que defectos, en contraposición al odio, la codicia, la inequidad, la hipocresía, la soberbia, irresponsabilidad, maldad, sumisión, temeridad y el miedo que más frecuentemente que cualidades identificamos en nuestro entorno politiquero.

No es necesario describir cómo se han dejado ver en nuestra política los defectos más que las virtudes y en reacción a ellos hemos actuado dignamente, sabiendo oponer al rumbo desacertado que han querido imponernos, las recetas que enderezaran los malos pasos que llevábamos. La memoria está fresca. Aún no se desvanecen los alcances del Pacto del Bicentenario, del movimiento antimina, cómo reacción a la codicia y soberbia de gobernantes, diputados y minera y de unos días para acá, la voluntad ciudadana expresada en las urnas que claramente apunta a que hay un pueblo despierto y muy atento.

Que no se engañen quienes creen que controlan partidos políticos y órganos del estado y, por tanto, pueden imponernos agendas originadas en sus defectos, ahora con lo que llaman cálculo político, jugando con números aparentes, como que 36 es más que 20, aritmética que olvida dónde se ubica la soberanía de un estado que no está desprovisto de buenos liderazgos y buenos guías.

Se está acercando el momento de cerrar conciliábulos y dejar que el soberano reine. Una constituyente los mandará a sus casas, si acaso no a rendir cuentas ante estrados judiciales, como ya ha habido señales. Panamá ha emergido muchas veces en situaciones adversas y aquí está con una institucionalidad precaria gracias a esa politiquería que han traído los cortocircuitos, pero prevalecen en ella el amor, la generosidad, la justicia, la sinceridad, la humildad, la templanza, la bondad, la libertad, la prudencia y el valor.

En su degradación de virtudes hay quienes coquetean con la manipulación de los números para hacer mayorías, algo así como 8 x 4 = 40 y quedar montados en el control de la Asamblea y, otra vez, de la Comisión de Presupuesto y otras; quizás haya que ponerlos nuevamente en sus sitios, como cuando jugando con los números, los tiempos y los procedimientos quisieron encajarnos la mina, pero recuerden: hay un pueblo despierto y atento.

El autor es abogado y exmagistrado del Tribunal Electoral


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