El papa León XIV y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, han manifestado este jueves su “compromiso de cultivar buenas relaciones”, en una reunión vaticana que se produjo tras los ataques de Donald Trump al pontífice por su posición en contra de la guerra en Irán.
Rubio, católico, ya se vio con el papa de Chicago hace casi un año, un día después del inicio de su pontificado, pero ahora ha vuelto al Vaticano para abordar importantes temas internacionales y, de paso, tratar de aliviar las repentinas tensiones entre Washington y Roma.
En primer lugar ha mantenido una audiencia privada con León XIV y después, como dicta el protocolo, con el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, y con su ‘ministro’ de Exteriores, monseñor Paul Richard Gallagher.
El Vaticano: ‘Cultivar buenas relaciones’
Durante estos encuentros, calificados de “cordiales” en un siempre escueto comunicado de la Santa Sede, ambas partes “han renovado el compromiso común de cultivar buenas relaciones bilaterales”.
Además, han servido para compartir opiniones sobre el contexto regional e internacional “con particular atención a los países marcados por la guerra, tensiones políticas y difíciles situaciones humanitarias”, que no aparecen citados en la nota vaticana.
Pero también “sobre la necesidad de trabajar incansablemente en favor de la paz”, termina.

La cita vaticana de Marco Rubio se produce después de los ataques que el presidente Donald Trump ha dedicado al primer papa estadounidense de la historia a raíz de que este calificara de “inaceptable” su amenaza de acabar con la civilización iraní.
El magnate le ha llamado “débil”, “pésimo en política exterior”, se ha atribuido el mérito de su elección en el cónclave hace un año y le ha acusado de “creer que está bien que Irán tenga un arma nuclear”. Unas palabras que han tensado las relaciones con Roma.
El martes León XIV, con su ya habitual tono diplomático y seguro, ha zanjado la cuestión al defender que “la misión de la Iglesia es predicar el Evangelio y la paz” y solicitando que, quienes deseen criticarle, “lo hagan con la verdad”.
Con este trasfondo, Rubio llegó por la mañana al Vaticano con una larga comitiva y numerosas medidas de seguridad, y tras ser recibido a las puertas del Palacio Apostólico por el prefecto de la Casa Pontificia, Peter Rajic, fue conducido inmediatamente después ante León XIV, que le recibió con un “buenos días” y un apretón de mano.

