El Museo Reina Sofía ha inaugurado una retrospectiva del artista argentino Alberto Greco (Buenos Aires, 1931-Barcelona, 1965), que recorre los “tumbos, arrebatos y contramarchas” de su trayectoria como artífice del arte vivo o ‘vivo-dito’, según el comisario de la muestra, Fernando Davis.
La exposición ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’, abierta en Madrid hasta el 8 de junio, presenta unas 200 piezas entre cuadros, fotografías, manuscritos y panfletos, muchas de las cuales pertenecen a la propia colección del museo español y otras fueron prestadas por coleccionistas y museos como el Instituto Valenciano de Arte Moderno o el Patio Herreriano de Valladolid (España).

Es una muestra que, “por la calidad de los préstamos que nos han hecho, es difícilmente repetible”, aseguró el director del Reina Sofía, Manuel Segade.
La muestra incluye desde los primeros poemas y cuentos para niños hasta los últimos trabajos colaborativos del artista con amigos como Antonio Saura o Manolo Millares, incluida la que sería su última obra, la novela ‘Besos brujos’.
Tras sus inicios en Argentina, Greco viajó a París, donde, además de tomar lecciones de grabado y de historia del arte, recurrió a todo tipo de formas de subsistencia: vendió pinturas en bares, diseñó textiles y realizó murales para cabarés; ejerció la prostitución, fue vidente y apareció incluso en una película de Hollywood, cuenta una de las notas informativas de la exposición.
En París presentó su primera exhibición individual de témperas próximas al tachismo y la abstracción.
Al regresar a Argentina, participó en las exposiciones del movimiento informalista con un estilo que él mismo definió como “terrible, fuerte, agresivo”, un arte concebido como “una acción violenta sobre la materia destinada a dinamitar el ‘buen gusto’ burgués”.

Tras esta etapa, entre 1961 y 1963, Greco pasa a convertirse en el fundador del arte vivo, entendido por él como “contemplación y comunicación directa” con la realidad: movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares y situaciones.
Como detalla el manifiesto del arte vivo redactado en 1963 por el propio Greco, señalar, firmar, rodear con tiza a personas, objetos o situaciones las transforma en arte. No hace falta crear algo nuevo, sino abrir la mirada para reconocerlo.
