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LA úLTIMA PALABRA

Más allá del estanque plástico

Principal desafío del Panamá contemporáneo es reducir la marginalidad y segregación social. En el siglo pasado, fue recuperar el Canal. Estudio oficial revela que 138 mil hogares (800 mil compatriotas, 60% menores de 30 años) viven en calamidad multidimensional: ni recursos para la comida, ni vivienda adecuada, ni soporte sanitario ni ambiental.

El 53.7% de las personas en pobreza multidimensional (417 mil 851 personas) del total de población en esta condición se localiza en la comarca Ngäbe Buglé (24.6%, 191 mil 634 personas) y la provincia de Panamá (17.1%, 133 mil 237 personas). Panamá Oeste y Coclé tienen también indicadores altos. Es insuficiente el logro educativo en el 15% de esos hogares. De ese apartado, el 43.6% sin educación premedia completa; el 40.2% sin primaria completa y el 16% de los adultos mayores es analfabeto. El 8% de niños y jóvenes de 6 a 17 años, por lo menos, repitió un año escolar. El 6% de este segmento no va a la escuela. Terríbilis, te maltrata la bilis.

Es el iceberg de los marginales en una nación que posee el mayor ingreso per cápita de América Latina, que se lo disputa y está disputando a Chile, que ha ostentado ese cetro por tres lustros. Está Panamá también entre los países más desiguales del planeta. Entre los 10 del patíbulo. La marginalización describe a la población que vive en los márgenes de la sociedad.

En su origen, proviene del latín “margen”, orilla, como la ribera del lago, río o mar. Muchos de los hogares que el MEF y el Mides identifican como de pobreza multidimensional están enclavados en las mentadas “barriadas marginales”, de estirpe urbana, las favelas, chabolas o villas miseria, que han cobrado interés después de la intervención del director del Idaan en la Asamblea Nacional.

En las “barriadas marginales” de nuestro país sobreviene la imposibilidad de gozar de los derechos sociales, esos que están en la Constitución emparchada y cercana al cesto de la basura, en la imagen desvalorizada de los propios parroquianos y en la capacidad de afrontar las obligaciones y en la estigmatización, para todos los efectos, de los residentes. Se asocia esa frase a delincuencia y marginalidad, a orillas y fuera de la ley. Con riesgo social y acogido por la pandilla, no pocas veces, apadrinada y relacionada con el narcotráfico.

Así es la realidad de esta familia de palabras derivada de “margen”, nacida en la apacible Roma, sin pandillas de esta naturaleza social. Marginación, por tanto, es desventaja económica, profesional, política o de estatus social. La marginación puede ser el efecto de prácticas explícitas de discriminación o, más en forma indirecta, ser provocada por la deficiencia de los procedimientos que aseguran la integración de los factores sociales, como la administración del agua y la basura.

La discriminación marginal es un fenómeno vinculado con la estructura social, y está asociado con rezagos que se originan en patrones históricos e ineficiencia en el desarrollo económico y social. El vivir en “barriadas marginales” trasciende el entretenimiento y derroche de agua de las piscinas plásticas –hoy convertido en símbolo de carestía- e implica repercusiones de tipo cultural, social, educacional, laboral y económica.

El autor es periodista y filólogo.


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