Dayana Prado, una niña nicaragüense de seis años, nació con hipoxia, una deficiencia de oxigenación que le impide controlar sus brazos y piernas, pero un tratamiento con caballos comenzó a cambiar su vida.
“Es increíble el equilibrio que le ha dado a Dayana montar a caballo. Ella tenía las piernas y brazos aguados y a los tres meses de terapia comenzó a caminar”, cuenta su padre, Juan Prado. Después de tres años de ir al centro de equinoterapia, Dayana “puede saltar gradas, sube a sillas y mesas sin ningún problema”, dice Prado.
La terapia con caballos para rehabilitar a niños con discapacidad se hace de manera gratuita en la Escuela de Especialidades Santa Julia Biliar, en Matagalpa, 90 km al norte de Managua, y en el privado Centro Ecuestre Haras del Carmen, en la comarca de Chiquilistagua.
Otros niños con autismo, parálisis cerebral, déficit de atención, síndrome de Down o retraso psicomotor también son tratados con esta técnica. El fisioterapeuta Gustavo Vallejo, de Santa Julia, dice que los resultados son favorables: niños que han logrado caminar o con problemas de aprendizaje que superaron sus deficiencias.

