DESCARO. La diputada del brillante metal dorado admitió ayer, en una reunión de colegas suyos con la ministra de Salud, que la madre de uno de sus choferes (¿cuántos tiene?) dio positivo en la prueba de coronavirus. En consecuencia, ella y este funcionario se testearon y dieron negativo en la prueba. Pero la ministra inmediatamente le dijo que tenía que irse a su casa, por si las moscas. O sea, la diputada ha puesto en riesgo a personas de su entorno –a sabiendas de sus circunstancias–, pero criticó al dueño de una aerolínea local que, según ella, se ha llenado los bolsillo trayendo viajeros a Panamá. Se puede gritar más alto, pero no con tanto descaro.
DESLIZ. En esa misma reunión, la ministra de Salud, Rosario Turner, les dijo a los diputados que los periodistas que participan en las conferencias de prensa diarias sobre el coronavirus solo están interesados en informar sobre las muertes y los contagiados del virus. La ministra parece olvidar que esas estadísticas son noticia y los ciudadanos tienen el derecho a conocerla, y es deber de la funcionaria ofrecerlas, como hasta ahora lo ha hecho. Eso es parte de la “transparencia”. ¿Le suena esa palabra?
MOLESTIA. En la ventanilla de pagos a proveedores de la Caja de Seguro Social en Clayton colocaron un anuncio diciendo que, como parte de las medidas tomadas por el coronavirus, dicha ventanilla se mantendría cerrada. El asunto trajo el disgusto de varios proveedores que esperaban recibir sus cheques en momentos en que varios de ellos están dando créditos por montos extraordinarios a las entidades de salud. Al parecer, tiempo después, la Caja recapacitó y retiró el letrero aduciendo que se trataba de un mal entendido.
CONCIENCIA CIUDADANA. La cantidad de gente que hacía fila ayer lunes para entrar a los supermercados era absurda. Tal parece que las autoridades no han sido claras o las personas no quieren entender que esto no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.
DEMAGOGIA. El presidente salvadoreño Nayib Bukele ha recluido a todos sus compatriotas que llegaron al país procedentes de sitios con casos de coronavirus en una villa olímpica, no solo en condiciones infrahumanas –sin suficiente agua ni alimentos– sino de hacinamiento. Y de un plumazo, Bukele hasta cerró los aeropuertos salvadoreños, y, salvo los aviones con carga, dejó el resto de los vuelos que iban en camino literalmente en el aire. A “cambiar plan de vuelo” les dijo, vía Twitter.