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Sábado picante

Sábado picante

Cuando lo nombraron, creo que el presidente Nito Cortizo trataba de sacarlo de la nada, y aunque ya está en el cargo, este ciudadano sigue sin salir de Tumbuctú. Eduardo Ulloa va para seis meses como procurador general de la Nación, pero, ¿alguien ya se lo dijo? Y, si lo sabe, ¿alguien le ha explicado qué es lo que tiene que hacer?

Si hay un servidor público que ha demostrado tener un entendimiento absolutamente superficial sobre sus responsabilidades, ese es Ulloa. La Procuraduría se ha convertido en un microscópico grano de arena en el zapato de los malhechores: de vez en cuando molesta algo, pero no impide caminar o correr por el cada vez más ancho sendero del delito.

Ulloa ni hace ni deja hacer. Carece, incluso, de liderazgo para que otros hagan el trabajo. Cortizo –y el país entero– esperaba que le dejara un legado al país. Queríamos de él independencia, carácter y que supiera soportar las presiones. Pero, con todo respeto, francamente espero que nadie copie su actitud sumisa, y que si deja algún legado, sea tan efímero como un parpadeo.

Y de hecho, dudo que Ulloa reciba algún tipo de presión. Para recibirla debería demostrar carácter. Solo basta con sugerirle algo. Ha convertido el Ministerio Público en un balón de fútbol: todo el mundo lo patea para meter sus goles. Y el portero, en vez de pararlos, los aplaude entusiasta desde la gradería, donde los celebra junto al resto de la fanaticada de la impunidad.

Para ocupar el cargo, Ulloa fue sometido a una evaluación psicométrica. Una empresa evaluó su temperamento, su autocontrol y la tolerancia a la crítica. Cuando lo conocí, poco antes de asumir el cargo, no me convenció, pero creí que estaba prejuiciado, así que me dí más tiempo para hacerme una opinión basada en su gestión. La duda me duró poco. No era prejuicio. Él es el error... y lamenté mucho no estar equivocado.

Desde que lo nombraron, no he oído queja alguna en su contra de ningún maleante. No veo que salga a acusar –que es su papel– a nadie; los abogados de la maleantería parecen estar de asueto o de vacaciones: no se les ve en televisión, no van a la radio, menos a los tribunales. Hasta lo han elogiado. ¿Que la maleantada aplauda a un fiscal? Aquí hay algo que no cuadra, señor Ulloa... Y es usted.

Señor procurador, comience a ganarse el salario. Los ciudadanos no vemos con buenos ojos que a usted le paguemos $10 mil al mes por tanta inutilidad. Cuando sospeche de un delito, por favor, no le dé los buenos días, no le estreche la mano ni le sonría. Y trate de que la dignidad del cargo le sobreviva a usted, porque usted es pasajero.

Espero, sinceramente, que algunas de sus cualidades hayan sido calificadas sobresalientes, en especial, cómo enfrentar la crítica. Lo necesitará. En cuanto al autocontrol, no hay de qué preocuparse. No hay nada qué controlar cuando se carece del objeto del control: carácter.


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