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OPINIÓN

Sábado picante

La “nueva normalidad”. Dicen que viviremos bajo nuevas normas, que tendremos que convivir con el bicho. Y, ¿cuál es la vieja normalidad? ¿Y la vigente? Como la normalidad siempre pasa inadvertida –pues es el paisaje de todos lo días– convendría echar un ojo a nuestra antigua normalidad. Empecemos con el “juegavivo”. Antes, cuando se repartían bolsas con comida, pavo y demás hierbas, familias juegavivo salía con seis de sus siete miembros a buscar la donación. Regresaban hasta la tuza: comida hasta la próxima Navidad.

Ese juegavivo hoy es inaceptable, porque entonces algunos vecinos no tendrían qué comer. Es la nueva normalidad a la que se deben ir acostumbrado los vivos de siempre. Para los políticos oportunistas, eso no aplica. Ellos seguirán repartiendo bolsas y comida a quien les da la gana, y seguirán haciendo política electoral con dineros del Estado, como ya lo hemos visto.

Antes, mucha gente encontraba normal que el Gobierno destinara $200 millones para pavimentar una calle y se robara $100 millones. En la nueva normalidad, algunos empiezan a pensar que esos $100 millones robados hacen falta para poner comida sobre su mesa. Y es posible que en la nueva normalidad el eslogan de campaña “robó, pero hizo” sea de pésimo gusto.

En nuestra antigua normalidad, tomarse unos tragos era cosa de beodos. Ahora, hasta los puritanos dicen que una botella de vino es muy poco. Antes, los tapabocas eran cosa de hospitales. En la nueva normalidad es cosa de pasarela: diseños personalizados, colores llamativos y combinaciones con el atavío diario. ¡Ah!, y los políticos se las ponen para que no los reconozcamos cuando nos roban. Antes, los gimnasios eran necesarios. Hoy, ¿lo son?

Antes no importaba tanto que las películas del cable fueran repetidas o que Netflix estrenara una vez por semana. En la nueva normalidad nos preguntamos por qué pagar para ver siempre lo mismo. La improvisación antes era normal; la nueva normalidad exige planear hasta la salida del perro. Pero eso no aplica a políticos, que salen a la hora que les da la gana y desechan planes para improvisar.

Lo normal antes era ver a Gaby Carrizo con todo el juego de comedor –o sus 32 piezas dentales– al aire. En la nueva normalidad nos dimos cuenta que también tiene cara de pocos amigos. En la antigua normalidad Laurentino Cortizo estaba tan ausente que nos preguntábamos dónde estaba. En la nueva normalidad le ha dado por hablar –en cadena nacional– más que Sopla Dios y que Edwin Álvarez juntos. (Por cierto, ¿esta gente sigue recibiendo diezmos o esperan las bolsas de comida de sus amigos políticos?)

Antes era novedoso, informativo y hasta entretenido ver la conferencia de prensa de las 6 de la tarde. En la nueva normalidad, preferimos un resumen ejecutivo, pero, ¡por favor!, con más rendición de cuentas.


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