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Sábado picante

He hablado con varias personas sobre el juicio del siglo. En todos encontré una preocupación que también comparto. En 2024 se celebrarán unas elecciones que definirán el nuevo perfil de nuestra democracia. No sé quiénes serán los candidatos, excepto por un sociópata. Y muchos temen que si gana, el país quedará igual que un río al final del verano: tan seco como Sarigua.

Indudablemente, eso pasará, pues ya no queda mucho de donde sacar. Pero en realidad, que gane, no será el problema, el problema será que no se quiera ir, pues en su psiquis ha quedado la huella indeleble de lo que puede hacer en su contra una investigación, una sentencia o la cárcel. Definitivamente, no está dispuesto a pasar por ese calvario otra vez.

¡Ah!, que la Constitución no lo permite, pensarán algunos. Pues solo hay que ver lo que ha ocurrido en Nicaragua, Venezuela o Bolivia. Con títeres, todo es posible. Y si hay alguien experto en el arte de nombrar pinochos (títeres y con capacidad de mentir) es él. Y no nos engañemos. Ese ejército de peleles hará exactamente lo que él diga. Si alguien titubea será el blanco de su paranoia.

En la lista de los espiados no solo hay enemigos. Hay pruebas de que eran pinchados incluso sus cercanos colaboradores –porque sospechaba de todos–. Bajo su potencial presidencia no tengo dudas de que el número de personas que serán espiadas llegará a un récord Guinness. El número de licencias que pagaría el Consejo de Seguridad por el software espía israelí será como dice el título de la novela de Tom Clancy: La suma de todos los miedos.

Pero claro, a los panameños no nos preocupa eso. Lo nuestro son los subsidios, los pavos, las botellas, los jamones, los contratos ficticios, la vagancia y la cerveza. Cualquier candidato que tenga ese cúmulo de valores –que no llegan al precio de una baratija– está ready para vender su voto al que le ofrezca 100 bloques a cambio del futuro de sus hijos.

Vi, hace unos días, el video de una enfermera cubana quejándose de la situación de sus coterráneos y preguntando a la cúpula gubernamental de la isla por qué no dejan que los periodistas puedan exponer la verdad que se vive en ese país. La respuesta no es ningún misterio. Y estoy seguro de que algo parecido pasaría en Panamá en su debido momento, pues esa es otra huella que querrá borrar, pues nada duele más que ver sus fechorías expuestas en las redes o en los medios. Eso no lo resiste.

El sociópata ha demostrado que es de teflón. No importa lo que se diga de él, el cardumen que sigue a este tiburón no cesa de repetir las palabras del titiritero y sus títeres. Lo malo es que en su país ideal, solo podrán hablar estos últimos, que se apoderarán de la libertad de todos para ser ellos los únicos con el derecho a hablar y opinar, en cuyo caso, los sábados ya no serán picantes. Serán de un ensordecedor silencio...


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