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Hoy por hoy

Es inconcebible que, en medio de la situación de salud pública que vive el país, haya connacionales que vean como una amenaza a sus vidas la presencia de personal técnico fuera de los recintos sanitarios. Es así como enfermeras y otros agentes de salud pública –que enfrentan a riesgo de sus propias vidas las amenazas del contagio por atender al público en general– tengan que sufrir situaciones de discriminación en lugares, como autobuses, el metro o en un comercio, por parte de otros panameños que creen que porque estos funcionarios llevan su uniforme de trabajo son focos de propagación del virus. No solo es inhumano discriminarlos, sino que refleja una ignorancia imperdonable, habida cuenta de la abundante información que existe sobre cómo evitar que se propague la enfermedad, y que está al alcance de la mano. Tales conductas merecen nuestro más enérgico repudio, pues ese personal es la primera línea de batalla de los pacientes contagiados o sospechosos de portar el virus. Es personal que arriesga su propia vida para salvar las de su prójimo, incluso de quienes los discriminan. Lo que vivimos requiere del esfuerzo de todos y la discriminación solo nos divide. Entonces, la pregunta es: ¿qué nos está pasando?


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