Fue una casualidad lo que indujo al alcalde de Tierras Altas, Javier Pittí, a ordenar el pasado 4 de noviembre el desalojo de cerca de 500 personas en la comunidad de Bambito –en la provincia de Chiriquí- para salvar sus vidas. Ocurrió poco antes de que la crecida del río Chiriquí Viejo causara destrucción en el área como consecuencia del huracán Eta.
“Como vivo cerca del lugar, a las 6:00 a.m. del 4 de noviembre, vimos un gran derrumbe que tapó un cañón y [eso] me alertó. Me fui a esa área, y a los 20 minutos se llevó una vivienda, luego que los ocupantes lograron salir antes”, describió el alcalde Pittí a La Prensa.
Ante el peligro que vislumbró, Pittí pidió apoyo inmediato a la Policía Nacional, el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) y de algunos vecinos que ofrecieron sus vehículos para sacar de la zona de peligro a las personas, y transportarlas hasta Paso Ancho, la parte más alta del área, ubicada a 10 minutos de Bambito.
Sin embargo, cuando faltaban unas 100 personas para completar la evacuación, todo el caudal del enfurecido río Chiriquí Viejo estalló sobre la comunidad, arrasando todo a su paso, incluidas las viviendas de muchos de los que Pittí logró evacuar minutos antes, recordó.
Para entonces, la zona llevaba tres días bajo una lluvia incesante. Pero los residentes de Bambito nunca imaginaron el alcance de la catástrofe que se les avecinaba, mucho menos recibieron orientación preventiva de parte de las autoridades a cargo de cumplir ese rol. La reacción vino después, con el arribo de cientos de voluntarios y rescatistas, ambulancias y equipos.
“En aquel momento logramos evacuar el pueblo de Bambito, que hoy da las gracias porque los pudimos sacar”, narró Pittí, primer alcalde electo del distrito de Tierras Altas y que ahora trabaja día y noche para tratar de ayudar a las familias damnificadas, muchas de ellas aún en albergues temporales en Paso Ancho y Volcán. Otras, refugiadas con familiares.
La acción del alcalde salvó vidas, pero también dejó en evidencia el hecho de que no existe un sistema de alerta temprana para proteger las vidas de la comunidad, a pesar de que Bambito es vulnerable al desbordamiento del río Chiriquí Viejo, pues el del 4 de noviembre pasado no fue el primero.
Pittí ahora reconoce que es necesario establecer un sistema de alerta temprana como medida preventiva contra este tipo de desastres, y con la participación del Sinaproc, el Cuerpo de Bomberos y los habitantes de la zona.
De haber tenido un sistema de alerta temprana, probablemente se habrían salvado las vidas perdidas en las inundaciones, y donde la suerte jugó a su favor, luego que Pittí avistara el deslizamiento y ordenara la evacuación inmediata de sus vecinos.
Su acción seguramente evitó que el número de víctimas fuera mayor, en especial en el área donde está ubicada la iglesia y decenas de casas que fueron arrasadas, pero que, pese a la furia de las aguas a su paso, allí no hubo víctimas fatales.
Desafortunadamente, en otros puntos más alejados de Bambito, los deslaves y la crecida del río sí causaron pérdidas humanas y materiales. En total, 19 personas fallecieron en el siniestro. Solo en una casa fallecieron cinco personas, una de ellas aún buscada por las autoridades. Quizás allá, en ese sector de Bambito, el llamado de evacuación del alcalde no se escuchó.
Amenaza latente
En agosto de 2014, aunque el río Chiriquí Viejo no se salió de su cauce en el área donde están las residencias de Bambito, sí destruyó un tramo de carretera que dejó incomunicada por varias horas Cerro Punta. En esa fecha, en el poblado de Las Nubes –ubicado cinco kilómetros arriba–, el río se desbordó, causando, al menos, tres fallecidos.
“Esta inundación de hace dos semanas en Bambito ha sido una de las más catastróficas de las últimas décadas, pero en 1970 también la crecida barrió con las pocas casas que existían”, recuerda Luis Estribí, con más de 50 años de residir en el lugar.
El 4 de noviembre, como a las 9:40 a.m. –recordó–, estaba en la sala de su casa. Contemplaba desde una ventana la persistente lluvia, cuando vio el deslave de una colina cercana, ubicada a tan solo 300 metros. Pensó que lo mismo podría pasar en otros puntos, pues la tierra estaba saturada con el agua de varios días de lluvia.
“Le dije a mi esposa, alístese, que nos vamos para Volcán, donde vive mi hijo”, narró. Tres horas después, el desbordamiento. Su casa fue de las afortunadas, ya que casi no sufrió daños. La crecida del río fue desviada por un contenedor para transportar legumbres que había estacionado a un costado.
Urge un plan
Un sistema de alerta temprana en la zona habría contribuido a evitar la pérdida de vidas y a disminuir el impacto económico y material del fenómeno en comunidades vulnerables a eventos como, en este caso, la crecida de un río. En su desarrollo y aplicación se debe involucrar tanto a la comunidad como a las autoridades, advierten organismos internacionales.
En Panamá y Centroamérica, la Oficina de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) –conjuntamente con el Centro de Prevención de Desastres para América Central– elaboró un manual que orienta al ciudadano sobre cómo proteger su vida si habita en las márgenes de un río o en la cercanías de un volcán.
Sin embargo, en los últimos cinco años, en muy pocos lugares se ha puesto en práctica, advierten expertos consultados por este medio. Estos sistemas podrían proteger a las comunidades de inundaciones, deslizamientos de tierra, huracanes, volcanes, tsunamis, incendios forestales y fenómenos de El Niño y de La Niña, entre otros.
Se trata de un conjunto de procedimientos e instrumentos a través de los cuales se vigila una amenaza o evento adverso de carácter previsible. Puede ser con tecnología –como los que utiliza el Canal de Panamá– o comunitarios, que son de fácil operación. Según la Unesco, millones de personas alrededor del mundo salvan sus vidas y medios de subsistencia gracias a estos sistemas.
Por ejemplo –a nivel comunitario– con un pluviómetro se puede medir el volumen del agua de lluvia que cae. Esto puede dar advertencias para tomar medidas preventivas. El día del desastre, la estación de Etesa en Cerro Punta midió 190 milímetros de lluvia por metro cuadrado en un día. Eso equivale a la lluvia de 15 días en esa zona.
Lea aquí: El 4 de noviembre llovió el promedio de 15 días
También se pueden colocar en los ríos reglas limnimétricas –con indicativos coloreados con rojo, amarillo y verde– a fin de que la comunidad se informe del nivel de las aguas y cuándo debe evacuar porque hay peligro.
Así mismo, la medición del caudal de los ríos se puede hacer con sensores ubicados en tubos que se colocan donde se pueda determinar cambios en el nivel del agua. Los radios de comunicación, igualmente, son útiles para dar la voz de alerta entre una zona y otra.
Carencia
Tras un recorrido por el lugar, este medio pudo comprobar que ninguno de estos sistemas ni sus beneficios son conocidos por las personas que viven alrededor del río Chiriquí Viejo, en Tierras Altas. No obstante, muchos dicen tener la disponibilidad para participar, pero falta que la autoridad los organice.
La acción preventiva sería de mucho más beneficio para las comunidades que tener que lamentar un fallecimiento o repartir colchones. Y, precisamente, tras lo ocurrido con Eta, fue notoria la preparación de los equipos de rescate del Sinaproc ante el arribo de Iota, aunque fue prácticamente innecesario utilizarlos en Tierras Altas, pues las precipitaciones fueron menores y el río se mantuvo en su cauce.
Este diario insistió varias veces ante el Sinaproc para conocer sobre el establecimiento de sistemas de alerta temprana, pero no hubo respuesta.
Consultada sobre este tipo de alerta, la meteoróloga Annette Quinn dijo que tiene que haber coordinación con las autoridades locales, sobre todo con las comunidades más vulnerables de todo el país.
“Esto nos queda de experiencia. En la economía de un país, una de las herramientas más importantes es la información meteorológica. No tanto para decir si va a llover o no, sino para establecer dónde se puede construir, [determinar] las áreas y fechas de siembra [o el] traslado de ganado, porque va a ser más seco o más lluvioso”, explica Quinn.
Por ello, la meteorología y la hidrología requieren de un centro de servicio nacional, que coordine y envíe información a la comunidad sobre pronósticos respaldados por un instituto de meteorología.
Por ello, tras la tragedia, la Empresa de Transmisión Eléctrica –a la que pertenece la Dirección de Hidrometeorología– coordina ahora con el Ministerio de Ambiente crear un instituto de meteorología.
Lea aquí: Miambiente y Etesa crearán Instituto Meteorológico
“Luego de recibir información del satélite GOES-16, hemos estado en coordinación con Cathalac [Centro del Agua del Trópico Húmedo para América Latina y el Caribe] para apoyar la gestión de riesgo y alertas tempranas para la atención a los sucesos climáticos que enfrenta nuestro país”, dijo en su cuenta de Twitter el ministro de Ambiente, Milciades Concepción.
Se trata de tener instrumentos preventivos tecnológicos, pero también es importante tener otros que son de fácil manejo para las comunidades, que con el cambio climático, cada vez serán más necesarios.
El daño material se podrá reconstruir o reponer, no así las vidas perdidas que, según especialistas, se pudieron salvar con un sistema de alerta temprana.

