Ignacio Ramonet, catedrático y periodista español, considera que las grandes migraciones transfronterizas constituyen una de las crisis que amenaza a la humanidad hoy. Las migraciones, al igual que las fronteras, son parte del sistema económico global. Sus dinámicas en el mundo y la región latinoamericana son muy parecidas: flujos de gente forzadas a emigrar de su país de origen, en busca de destinos de bienestar; con trabas normativas asociadas a seguridad que impiden el acceso y situaciones cotidianas de violaciones a los derechos humanos en las zonas fronterizas, que en la práctica se traduce en una oposición a las migraciones.
Si bien la región centroamericana hace parte del sistema global y constituye uno de los corredores más grandes entre México, Centroamérica y Estados Unidos, el rol que desempeñan los Estados en las fronteras es poco perceptible y limitado en su gestión efectiva. Por lo mismo, los procesos de integración regional que surjan para encarar la situación deben ser parte de iniciativas de apertura de los Estados, sustentadas en un profundo análisis, que incluya la participación de actores gubernamentales, la sociedad civil, empresarios y organizaciones no gubernamentales.
La consolidación de la integración regional para estos fines debe considerar los lineamientos de la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, debe ser un proceso multidimensional, coherente, consistente, coordinado y sustentado en la cooperación y la corresponsabilidad. Tal proceso debe iniciarse primero en cada país; luego, en cada subregión, y finalmente, en la región. Este proceso comienza a dar los primeros pasos a nivel subregional. El pasado mes de agosto, se reunieron los directores de migración de Colombia, Panamá y Costa Rica, con la intención de coordinar y compartir responsabilidades en la situación de flujos migratorios.
La atención de flujos migratorios en la región y Panamá es de urgencia notoria. Según reportes de la Organización de Estados Americanos, para septiembre de 2021 el paso de migrantes por nuestro país aumentó de 800 a 30,000 personas al mes. De no atender esta crisis con voluntad política, económica, cultural y social, contribuiremos a agudizarla, incentivando por inacción la fragilidad de nuestras democracias.
La autora es trabajadora social y curriculista para Ciencia en Panamá

