hoyporhoy_2014-01-30

La designación de la esposa del mandatario como compañera de fórmula del candidato presidencial oficialista no deja dudas. Es la pretensión –ya nada disimulada– de la reelección de Ricardo Martinelli, quien ha negado reiteradamente que no tenía intenciones de un nuevo período presidencial.

Pero no olvidemos que Cambio Democrático es su partido –y que nadie haría nada por contrariarlo–; que su candidato no es más que su caja de resonancia –y que hasta ahora no ha tenido ni una sola opinión sobre los escándalos de su gobierno ni los problemas que aquejan al país– y que la esposa de Martinelli, la persona que convive con él todos los días, sería la vicepresidenta de la República.

¿Quién osará –desde el Órgano Judicial, desde el Ejecutivo o desde el Legislativo– cuestionar una sola orden de la hoy primera dama, siendo ella la consorte del dueño del partido en el poder? ¿Quién asumiría la Presidencia en caso de un inesperado dolor de garganta del hoy candidato oficialista?

El señor Arias, tal como lo ha sido hasta ahora, seguirá siendo el vasallo, y la Presidencia seguramente se gestionará, no en el Palacio de las Garzas, sino en Altos del Golf. Comenzó el Martinellismo.

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