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Ideologías

¿Ha fallado el liberalismo?

Recientemente, he escuchado un interesante debate sobre este tema y creo conveniente aclarar algunas cosas, especialmente en lo que se refiere a la diferencia entre liberalismo, progresismo, socialismo y comunismo, que gracias a la demagogia de los políticos, los han metido a todos en un mismo saco y lo ha llamado “izquierda”; como si fuera el anticristo y la perdición de la humanidad.

La verdad es que se trata de cosas muy diferentes entre sí, que tienen orígenes muy distintos.

En este sentido, hablar de liberalismo como si fuera equivalente a socialismo y, peor aun, a comunismo, es lo mismo que decir que conservadurismo es lo mismo que fascismo y, paradójicamente, al “libertarianismo” que propone al desconocimiento del Estado como gobernante, echados en el mismo saco con la denominación de “derecha” y considerados la salvación de la humanidad.  Obviamente, parece que para mucha gente existen dos humanidades distintas.

Queda claro que el liberalismo es una doctrina humanitaria que, como su nombre lo indica, promueve la libertad individual y colectiva, incluyendo las de expresarse, reunirse, movilizarse, escoger una religión o ninguna, elegir sus sistemas de gobierno y sus gobernantes y participar en el proceso de emisión de las leyes que regulan y protegen sus deberes y derechos como ciudadanos libres.  Como era lógico, el liberalismo surge de la revolución contra la opresión de las monarquías y los privilegios de la nobleza y de la iglesia, en contraste con el hambre y la pobreza de las mayorías. Paradójicamente, el conservadurismo surge de esa misma revolución en la reacción de los monárquicos y religiosos, como una fuerza para conservar al menos algunos de los privilegios económicos y sociales de las monarquías derrotadas por las revoluciones en Europa.  Ambos, liberalismo y conservadurismo, son doctrinas opuestas pero legítimas, bajo el concepto de libertad ideológica en el más amplio sentido.

El socialismo no es liberalismo; es una tendencia económica-social que surge en oposición al capitalismo más adelante en la revolución industrial, como una ideología que busca una mejor distribución de la riqueza generada tanto por el capital como por el trabajo y, con ello, una mayor justicia social en lo que se refiere a las leyes laborales y las condiciones de vida de todos, incluyendo el medio ambiente. El socialismo no es para nada un desconocimiento del capitalismo como práctica económica basada en la iniciativa individual y la libertad para ejercerla, libertad que, por cierto, emana del liberalismo, pero si se opone al capitalismo salvaje, irresponsable y descontrolado.

El comunismo, por su parte, es una doctrina extrema que va mucho más allá y promueve la dictadura del proletariado, niega las virtudes del capitalismo y, por tanto, suprime la iniciativa privada y se convierte en un sistema opresivo y tiránico, lo que finalmente conduce a su propio fracaso, como en la Unión Soviética y China, igual que lo ocurrido con el fascismo, doctrina opuesta al comunismo de carácter militarista, policial y nacionalista, como en Alemania, Italia y España en el siglo pasado, pero que tiene en común con el comunismo la privación de la libertad, la opresión y la tiranía. El socialismo en los países del tercer mundo no es realmente ideológico; no es más que oportunismo de políticos corruptos pseudo-revolucionarios, como ha sucedido en Argentina, Bolivia, Brasil y Ecuador, lo mismo que el comunismo en Cuba, Venezuela y Nicaragua, apoyados por fuerzas armadas igualmente corruptas.

La democracia no es necesariamente una ideología política; es simplemente una forma de gobierno basada en la decisión de la mayoría mediante elecciones libres y puede ser ejercida tanto por liberales como conservadores, que en Estados Unidos se han llamado a sí mismos republicanos, que tampoco es una ideología política sino una forma de gobierno presidencial y no parlamentario.  Sin embargo, en estos tiempos tan absurdos y particularmente en Estados Unidos, pareciera que todo se hubiera ido a los extremos; los demócratas son considerados liberales, socialistas y comunistas, y los republicanos son considerados conservadores y fascistas, sin distinciones ni matices, lo que es muy peligroso pues una nación enfrentada dogmáticamente conduce a la pérdida de cualquier visión racional de futuro y, en efecto, a una decadencia como potencia en el mundo al perder no solo su poder económico ante otros rivales más preocupados por el desarrollo y la productividad, sino también el respeto de las demás naciones, incluyendo la de sus aliados tradicionales.

En conclusión, el liberalismo no ha fallado simplemente porque no es mas que una doctrina humanitaria de libertad intrínseca al ser humano en todo sentido, de la que se benefician tanto liberales como conservadores, demócratas o republicanos, y a la que se oponen fascistas y comunistas que buscan conculcar esas libertades.  Lo que ha fallado es la política plagada de oportunistas corruptos y demagogos de un lado y otro, que solo les interesa sus intereses particulares, los de los grupos económicos poderosos y, desafortunadamente en algunos casos, los de ciertas pseudo-religiones e iglesias muchas veces espurias, que jamás deberían estar involucradas ni influir en la política en un sistema democrático.


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