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A ciencia cierta

A ciencia cierta
Investigación científica

Durante los últimos años, la investigación en América Latina se ha acrecentado, influenciada por el desarrollo tecnológico. Sin embargo, estamos lejos de ser un referente frente a otras regiones. Datos de La Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana e Interamericana (una institución que busca promover el desarrollo de instrumentos para la medición y el análisis de la ciencia y la tecnología), señalan que los países latinoamericanos representan solo el 2% de la inversión mundial en investigación y desarrollo, muy lejos de Norteamérica (39%), Europa (31%) y Asia (26%). Aún más grave, ningún país de esta región invierte más del 1% de su Producto Interno Bruto (PIB) en la investigación.

En nuestro país, las cifras son decepcionantes. Según el Instituto de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 2018, Panamá invirtió en investigación y desarrollo solo el 0.15% del PIB; muy por debajo del 0.42% que invierte Costa Rica, y del 0.70% que dedica en promedio la región de América Latina y el Caribe.

¿Por qué es importante investigar? La investigación científica es vital para reconocer la solución de problemas que aquejan el país. A través de la vinculación de sus hallazgos con el desarrollo y ejecución de políticas públicas, se puede arribar a las acciones más eficientes y eficaces en la búsqueda de mejorar diversas condiciones sociales, económicas, culturales, de salud, de educación y de agricultura que afectan a la sociedad en general.

Surge la interrogante sobre ¿Qué evidencia científica utiliza nuestro país para la toma de decisiones en relación a políticas públicas? Ya reconocemos la importancia de la investigación, pero ¿Qué ocurre cuándo las decisiones no son basadas en evidencia científica?

Para resolver un problema, primero debemos saber que existe, identificarlo y delimitarlo con claridad. Es aquí donde ocurre el primer inconveniente, puesto que en un país sin una marcada cultura de investigación, ni los fondos necesarios para su desarrollo, ocurre un fenómeno cíclico en el que no se identifican ni analizan los problemas y, por ende, no se asume la búsqueda de eventuales soluciones.

Las decisiones tomadas a ciegas para la solución de retos que aquejan al país, terminan siendo una pésima inversión. Se destinan recursos humanos, económicos y energía, para la resolución de un problema planteado erróneamente, sin indicadores de medición para evaluar su impacto y, peor aún, causando una sensación -sin base- de esperanza en la población afectada, que espera un impacto positivo del establecimiento de esa política pública.

Las falencias investigativas en nuestro país pueden deberse a dos factores: las deficiencias en el sistema educativo que incentivan la mecanización del aprendizaje, por encima del pensamiento crítico y la promoción de la investigación; y las limitaciones en cuanto al presupuesto público y privado para inversión en investigación y desarrollo.

Es necesaria la participación gubernamental, en conjunto con la de la empresa privada, para la promoción y financiamiento de la investigación y el desarrollo científico. Una de las propuestas para resolver esta situación puede ser visibilizar la utilidad de los estudios realizados.

La ciencia ofrece puntos de vista innovadores con relación al desarrollo del país. Brinda la posibilidad de formar ciudadanos conscientes de sus raíces con una perspectiva mucho más global de las mismas, con la capacidad de plantear las soluciones desde la perspectiva del bien común.

En Jóvenes Unidos por la Educación instamos a la juventud interesada en la investigación y desarrollo a crear grupos organizados para solicitar financiamiento y crear alianzas con instituciones y empresas interesadas; así como a difundir los resultados de su trabajo y la vinculación de estos hallazgos con las soluciones a problemas cotidianos. Recomendamos a investigadores, profesores, universidades, empresas e instituciones, promover la investigación y el desarrollo de proyectos.

Hacer ciencia, genera un ciclo de innovación completo, que gira en torno a la investigación, el desarrollo y a la aplicación de nuevos conocimientos. La ciencia debe estar cerca de la sociedad y atender sus problemas. La tecnología y la innovación pueden ser el hilo conductor de un desarrollo equitativo y sostenible.

El autor es tesista de la Licenciatura en Psicología y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación.


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