Las inundaciones registradas hace más de un mes en algunas barriadas de Arraiján dejaron numerosas pérdidas materiales y emocionales en la población. Pasadas las crecidas, los habitantes han quedado solos, inmersos en una situación crítica de incertidumbre, sin la suficiente ayuda para compensar los destrozos de sus bienes, y sin obras de infraestructura con capacidad para eliminar la posibilidad de que el agua vuelva a cubrir sus hogares. Por eso, no debieran las autoridades asombrarse por la falta de credibilidad que tienen entre la ciudadanía. Los olvidos y las postergaciones contribuyen a ampliar la brecha que existe entre gobernantes y gobernados. El Estado, en todos sus niveles, tiene la misión de proteger a los ciudadanos de los problemas que causan ciertos fenómenos naturales. Las mareas altas y las lluvias intensas no son ninguna novedad en Panamá, pero cada día es más frecuente la imprudencia de los inescrupulosos promotores de proyectos que no cumplen con las más elementales normas de ingeniería y no entienden que las aguas de un río siempre buscarán su cauce original.
Hoy por Hoy 2003/08/24
24 ago 2003 - 05:00 AM
