La administración de la presidenta Moscoso es una caja de Pandora. La comunidad no se ha repuesto de una sorpresa cuando, como por arte de magia, aflora otra. Resulta que una decisión relevante, como lo es la alteración del paisaje en torno a la Bahía de Panamá, recibió un trámite expedito, sin que mediaran los estudios correspondientes. Es toda una marca de eficiencia, en un país acostumbrado al tortuguismo estatal, y bien pudiera calificar para figurar como récord del centenario, e incluso contribuir, como el reciente sancocho de 2 mil 570 galones, al Libro Guinness. Se autorizó robarle un pedazo a la Bahía para la construcción de un relleno y un puente vehicular de acceso al centro comercial que ocupa la antigua sede del colegio San Agustín. No mediaron los avalúos de la Contraloría y el MEF ni los estudios de impacto ambiental, exigidos por la ley. Las inversiones y las edificaciones implican riquezas y contribuyen con la generación de empleos. Sin embargo, ellas no pueden desarrollarse fuera de la ley. El país tiene un régimen legal que debe ser acatado. Es de entender el repudio ciudadano frente a esta decisión, no solo por la arbitrariedad que conlleva, sino porque es una palada más al desorden ambiental y a la destrucción progresiva del paisaje urbano.
Hoy por Hoy 2003/08/23
23 ago 2003 - 05:00 AM
