El secuestro para extorsionar es uno de los males dentro del ciclo de violencia que aqueja a México, Argentina, Venezuela, Colombia y otros países de Latinoamérica. Es un flagelo que cuando toma fuerza es casi imposible de erradicar. Las bandas criminales dedicadas al secuestro disponen, en su mayoría, de una capacidad logística y de operatividad, tanto en el seguimiento de sus futuras víctimas como en la captura, cautiverio y la negociación por el correspondiente rescate. Los riesgos para los secuestrados son enormes y la efectividad policial suele ser escasa. En Panamá existe un caldo de cultivo para este tipo de extorsión. En el episodio más reciente, los agentes policiales lograron rescatar a los dos jóvenes adolescentes y aprehender a algunos de los secuestradores. Ello merece el reconocimiento público. Preocupa, no obstante, la falta de iniciativa de las autoridades en la prevención de este tipo de delitos. La Asamblea Legislativa está en la obligación de elevar sin dilación la sanción para quienes cometan estas infracciones repugnantes, y las autoridades policiales, especializarse en la prevención y represión de este delito. Panamá debe exorcizar cualquier señal de la implantación del secuestro, que hoy es una industria difícil de erradicar en sociedades vecinas.
Hoy por Hoy 2003/08/16
16 ago 2003 - 05:00 AM
