El genio popular ha tildado de madrugonazo a aquella acción oficial (vía decreto o ley) que se concreta mientras se encuentra en su ciclo diario de descanso la mayor parte de la población. A pesar de su mínima popularidad, la Asamblea Legislativa ha convertido en una tradición el ejercicio de sesiones maratónicas hasta la madrugada al final de cada una de las dos fases que integran su periodo anual. El hábito genera todo tipo de sospechas y suspicacias sobre lo que pueda mover, a tambor batiente, la actuación de los representantes del pueblo. Se relaciona además con otra tradición legislativa, que ha tomado cuerpo: la inasistencia. Mientras en el periodo regular se dedica a todo menos a pisar el Palacio Justo Arosemena, un significativo porcentaje de legisladores se abarrota de repente a sus puertas con la finalidad de reponer, a marchas forzadas, el tiempo perdido. En medio del desenfreno, se vulneran las normas relativas al sentido de los debates de los distintos proyectos en jornadas distintas. Es un engaño llevar a cabo distintos debates de un mismo proyecto de ley en una sola sesión, que se divide formalmente en dos porque llegó la medianoche. Surgen entonces leyes que afectan a todos, pero que nacen huérfanas de discusión y de controversia. En vez de combatirlos, la Asamblea Legislativa asume como propios y patenta el juegavivo y el madrugonazo.
Hoy por Hoy 2003/06/30
30 jun 2003 - 05:00 AM
