El país se está desgastando lentamente por causa de posiciones intransigentes en torno a la Caja del Seguro Social. Los asegurados, que son la mayoría de los trabajadores panameños y a quienes debiera dárseles la mayor de las consideraciones, parecen, en este caso, llevar todas las de perder. Cada día que transcurre y no se actúa responsablemente para salvar la institución, se entierran todas las posibilidades para que las presentes y futuras generaciones se beneficien de los programas que ofrece la Caja, los cuales se encuentran en un grave déficit debido a una mala administración. La disputa entre los trabajadores administrativos, apoyados por su director, y el contralor general de la República, no contribuye a un clima de paz social. ¡Hasta cuándo! Hay que reconocer que la Caja está en una profunda crisis, y a pesar de que sus empleados tienen todo el derecho de manifestarse, lo primordial es que el país no puede darse el lujo de entrar en una situación de convulsión, caos e incertidumbre. Todos sabemos cómo y por qué empezó esto, pero nadie sabe cómo acabará. Por lo tanto, el sentido común deberá prevalecer en las próximas horas para que el país, y los que viven en él, no se vayan al despeñadero.
Hoy por Hoy 2003/06/25
25 jun 2003 - 05:00 AM