Estados Unidos propuso la “Hoja de ruta”, destinada a pacificar el Medio Oriente. Las partes lo aceptaron. El compromiso lo sellaron la semana pasada durante la cumbre de Aqaba (Jordania), encabezada por el presidente Bush y en la que participaron los primeros ministros Ariel Sharon (Israel) y Mahmud Abbas (Palestina). Con un talante más diplomático del que ha caracterizado a su administración, Bush bautizó la iniciativa “Hoja de ruta”, que, como su nombre lo indica no es concluyente, aunque sí es el único camino con suficiente aval internacional para propiciar un diálogo que conlleve hacia la indispensable paz en el Medio Oriente. En una escena hasta hace poco impensable, los gobernantes israelí y palestino, con Bush como testigo, rubricaron una agenda mínima de paz. Israel desmontaría las colonias en zona palestina y Palestina frenaría la Intifada. El plan propiciaría la formalización en 2005 del Estado palestino. Aún retumbaban los ecos de la histórica cumbre de Aqaba cuando el terror empezó a imponerse en la región, con un repunte de la espiral de violencia, lo que amenaza no solo la “Hoja de ruta”, sino la credibilidad de su inspirador, el presidente Bush. Los fanatismos conspiran contra este prometedor intento de paz. Y con ello no solo pierden Israel, Palestina y el Medio Oriente, sino también la comunidad internacional.
Hoy por Hoy 2003/06/13
13 jun 2003 - 05:00 AM
