Pese a las distorsiones a las que suelen ser sometidos, los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Por esa razón, la atención del país en las próximas semanas se centrará en la selección, mediante un proceso interno, del candidato presidencial por el gobernante Partido Arnulfista. Ese colectivo renunció a la fórmula de la elección primaria -con el voto de todos sus afiliados, casi 200 mil- y dejó en manos de sus 620 convencionales esa decisión, que no solo afectará al arnulfismo, sino también al conjunto del régimen de partidos. Uno de los grupos políticos con mayor fuerza y raigambre en el escenario nacional, el Partido Arnulfista, optó por un sistema que es susceptible de sostenerse en la práctica de la dedocracia y el acuerdo de recámara, que tanta frustración ha ocasionado en épocas pasadas en Panamá y en Latinoamérica. La Constitución de la República propugna por la participación ciudadana a través del papel que desempeñan en la sociedad los partidos políticos. Y la Convención Americana de Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos establecen la importancia de la integración de los ciudadanos en el proceso del poder. Que la próxima determinación no se convierta en una nueva fuente de frustración y descrédito del sistema político.
Hoy por Hoy 2003/06/08
08 jun 2003 - 05:00 AM