Es una burla a la Nación y a todos los ciudadanos el reciente robo de las computadoras asignadas a la Dirección de Patrimonio Histórico. El delito se registra en un momento en que las autoridades investigan la sustracción, a la luz del día y sin violencia, de la mayor parte de los tesoros del Salón de Oro del Museo Reina Torres de Araúz. Aunque casi todas las piezas fueron recuperadas, el hecho ha demostrado la grave vulnerabilidad en que se encuentra el patrimonio histórico nacional. La historia es maestra de la vida, y no solo es útil porque en ella se lee el pasado, sino porque en ella se puede leer el porvenir. Lo que se encuentra en museos, iglesias y sitios históricos es el testimonio de la contribución histórica de este país a la civilización universal. El Gobierno nacional está en la obligación de adoptar con urgencia una serie de iniciativas encaminadas a resguardar, conservar y enriquecer ese patrimonio, y perseguir a los delincuentes que lo expolian. Las bandas que le han puesto el ojo a los tesoros históricos no se miden y persistirán en su propósito de despojar al país de sus piezas más preciadas. Es de urgencia que el máximo escalón oficial se empeñe en aplicar los mecanismos pertinentes para una rigurosa custodia del patrimonio histórico nacional y promover de inmediato proyectos de ley especializados que garanticen su preservación y enriquecimiento.
Hoy por Hoy 2003/06/04
04 jun 2003 - 05:00 AM