El Ente Regulador fue instituido para supervisar el mercado y garantizar que los servicios públicos fuesen ofrecidos con calidad y a precios justos. Pero la realidad nacional ha sido otra, ya que las tarifas eléctricas aumentan y afectan el bienestar de toda la comunidad. El Ente no ha creado los incentivos necesarios para fomentar la inversión y evitar al máximo que Panamá, que no es productor de crudo, dependa de la generación térmica. Con más de 300 ríos inutilizados y agua en abundancia, se desaprovecha el potencial hídrico que ofrece el país, lo que nos hace susceptibles a los vaivenes del precio internacional del petróleo. Es oportuno el freno que ha puesto el Gobierno al alza de la tarifa eléctrica y, como tenedor de un importante número de acciones, su papel debe ser beligerante. Está comprobado que ninguna de las empresas eléctricas pierde dinero, y cualquier aumento en las tarifas va en detrimento del pueblo. Un nuevo incremento en la cuenta de luz, sumado a la cruel reforma tributaria, puede resquebrajar la tolerancia de la población. Por ello, se debe revisar la ley que creó al Ente y analizar los contratos que se firmaron con cada una de las empresas distribuidoras y generadoras, para encontrar las fallas que hacen que Panamá tenga una de las tasas de electricidad más caras del hemisferio.
Hoy por Hoy 2003/05/22
22 may 2003 - 05:00 AM
