En materia de publicidad gubernamental, hace mucho tiempo que en este país los discursos políticos se separaron de la verdad. Es el peligroso efecto de una realidad en que los gobernantes con mucho poder (y poca imaginación) no se preocupan ni por lo que hacen o dicen ni por la imagen que proyectan. Más bien les importa cómo apoyar el clientelismo y seguir usufructuando del poder. Como lo que no se comunica no se ve, basta con conceder mayor espacio comunicacional a los medios del mismo cuño y gritar a los cuatro vientos que a los otros les falta objetividad. De este modo surge la paradoja de que la publicidad oficial tiende a asignarse sin que interesen ni siquiera mínimos criterios científicos y mucho menos el derecho que tienen los ciudadanos de informarse. Mientras existan medios de comunicación nutridos por una publicidad amañada ganarán sus lectores con disparates que nadie en su sano juicio podrá creer ni aceptar. Este engaño, además de atentar contra la libertad de prensa, compagina con postulados típicos de un Estado arbitrario.
Hoy por Hoy 2003/05/09
09 may 2003 - 05:00 AM
