En un mundo extraordinariamente competitivo, se acentúa cada vez más la importancia del capital intelectual: ese saber individual o colectivo que produce valor y es la principal fuente de riqueza de los ciudadanos, las organizaciones y de las naciones. Por ello, ningún país que aspire a ingresar al concierto de las sociedades prósperas y modernas puede pasar por alto que la educación es la fuente primaria de este capital y que de la calidad de la instrucción que se proporcione a la juventud panameña, depende todo el futuro del país. Aunque hay quienes aparentan ignorar esto y consideran más importantes sus apetencias inmediatas, aun a costa de sacrificar las posibilidades nacionales de ascender a mejores niveles de vida. Solo así se explica la reciente ola de escándalos en que se han visto involucrados diferentes colegios del país en donde abundan las acusaciones de malos manejos de los fondos asignados por la ley 13. A pesar de recibir cientos de miles de balboas, carecen de los servicios fundamentales que requiere el proceso educativo. Laboratorios inexistentes, estructuras deterioradas y sanitarios clausurados son los elementos más comunes de este cuadro lamentable. La esperanza de un mejor país obliga a una mayor vigilancia del destino asignado a estos fondos, a una investigación concienzuda en los casos donde medie sospechas de mala administración de los mismos y a la aplicación de los castigos que señala la ley. Que esa juventud de hoy, que llevará las riendas del país del mañana, perciba que el camino que lleva al progreso está afincado en el conocimiento y en la legalidad.
Hoy por Hoy 2003/04/23
23 abr 2003 - 05:00 AM