De acuerdo con la ONU, una de cada cinco personas en el mundo no tiene acceso al agua potable y, según señala el Banco Mundial, para el año 2035 la mitad de la población mundial vivirá en países donde faltará el vital líquido. A todo esto hay que agregar que el caudal de la mitad de los ríos en todo el mundo ha disminuido o están contaminados, que miles de lagos han desaparecido a causa de la fuerte demanda de irrigación y que a diario se vierten dos millones de toneladas de desechos en ríos, lagos y arroyos. Un cuadro deprimente cuando constatamos que un litro de agua residual contamina unos ocho litros de agua dulce y que más de cinco millones de personas mueren anualmente a causa de enfermedades relacionadas con el agua, diez veces más de las que fallecen a causa de conflictos armados cada año. Las señales de alarma se han disparado en Panamá y algunos funcionarios han advertido que de prolongarse la sequía el horario de racionamiento podría ser ampliado al doble. Es hora entonces de adquirir conciencia sobre la gravedad del problema y la necesidad de establecer una política efectiva y permanente en torno a este recurso.
Hoy por Hoy 2003/04/20
20 abr 2003 - 05:00 AM