Entre nieblas que alternativamente se espesan y se disipan, señalaba en su momento José Ingenieros, la humanidad asciende sin reposo hacia remotas cumbres. Sabias palabras que en algún momento del pasado reciente fueron sentidas como propias cuando se luchaba por recuperar las libertades secuestradas en los cuarteles; en aquellos momentos cruciales en que la ciudadanía logró fundirse en un solo esfuerzo para recuperar el derecho a decidir su propio destino como nación. El desencanto vino después, cuando luego de una traumática invasión militar y de los distintos gobiernos que se sucedieron, el sentimiento común se desmembró en una multitud de ambiciones personalistas, cada una más criticable que la otra, hasta recalar en los niveles de corrupción y de incompetencia gubernamental actuales. El país está urgido de una nueva clase política que sea capaz de pulsar el sentir nacional, que logre sacudir la indiferencia con que la sociedad afronta el lamentable espectáculo de la política actual y, sobre todo, que logre insuflar el ideal palpitante de un destino común en el cual cada panameño asuma la tarea que le corresponde en la materialización de un futuro de prosperidad y de justicia para todos. En definitiva, urge la construcción de un nuevo país en el cual cada ciudadano, como sentenciaba Ingenieros, en la búsqueda de nuevas cimas, prefiera ascender por la senda exclusiva del mérito; o por ninguna. Basta ya de tanta política de viejo cuño.
Hoy por Hoy 2003/04/14
14 abr 2003 - 05:00 AM
