Incompetencia, incapacidad e ignorancia. Es lo menos que se puede decir de aquellos que han tenido la irresponsabilidad de sugerir y aplicar la reforma tributaria, un verdadero monumento a lo absurdo. En un país como el nuestro, con las condiciones de bajo crecimiento económico, producto de medidas incoherentes en materia de política económica nacional, lo urgente era inyectar optimismo y esperanza. Pero no: se escogió el camino de la torpeza. En vez de fomentar las posibilidades para atraer inversiones y promover el consumo, se prefirió introducir una ley descabellada y nefasta que hace todo lo contrario. Los panameños viven hoy tras la incertidumbre de nuevos impuestos que con toda seguridad traerán consecuencias negativas inimaginables. No valieron de nada los asesores técnicos tributarios del Gobierno ni sus expertos en imagen. Ni siquiera tuvieron la visión para entender que la solución era simple: gastar menos y administrar mejor lo que se tiene. Por supuesto, condonando el pago de impuestos a empresas -como Panama Ports Company-, ni siquiera tendremos dinero que administrar. Y por eso, la necesidad de buscar nuevas fuentes de ingresos, para gastar más. Con razón se dice que no son buenos ni malos, sino incorregibles.
Hoy por Hoy 2003/04/05
05 abr 2003 - 05:00 AM