La sociedad panameña ha profesado su vocación por practicar la política a través de los partidos, de la misma manera que sus credenciales de pueblo religioso y tolerante reposan sin mancha a la vista del público. Pero, ello no significa que los panameños concuerden con un discurso político partidista desde el púlpito, ni que los políticos intenten convencer al electorado de que son emisarios auténticos de la voluntad de Dios. No es por intolerancia ni por incredulidad. Es sencillamente porque los partidos políticos tienen una función que cumplir, muy distinta a la de la Iglesia, cuya opinión e intervención en la vida pública de la nación siempre tendrán una innegable dimensión política y respeto de la ciudadanía. Si la Iglesia hiciese una convocatoria a todos los partidos para que en conjunto se comprometan a respetar una plataforma común de respeto entre ellos y hacia la sociedad frente a las próximas elecciones desempeñaría su papel de cimiento moral de la nación, y a la vez no permitiría que algunos aprovechen su nobleza para usarla como su propio trampolín político.
Hoy por Hoy 2003/04/04
04 abr 2003 - 05:00 AM
