Una justificada preocupación han despertado en la comunidad las acusaciones que se hacen en contra de algunos representantes del cuerpo diplomático panameño radicados en el exterior. Esta percepción es legítima, ya que es común que los gobernantes de turno nombren numerosos embajadores por razones de lealtad partidaria o personal, antes que por sus conocimientos y antecedentes, lo cual deriva en varios casos en una mala imagen para el país y en una desjerarquización de la representación diplomática. Todo indica que se hace necesaria una reforma que incluya el impedimento para designar diplomáticos que no cumplan con las exigencias legales. Además, hay que recrear la figura de los consulados en ciudades puertos, ya que se han convertido en botín para unos pocos. Esta idea daría cabida para suponer que se está pensando en eliminar aquellos bastiones del Estado que aumentan la propensión al clientelismo en un aspecto por de más delicado del manejo de dinero. Esa posibilidad abre las puertas a un adecentamiento de la política exterior en un cuerpo que debe ser fundamentalmente profesional y permite la posibilidad de que el país pueda consolidar una diplomacia de carrera que lleve adelante con eficiencia los lineamientos de la política exterior del país.
Hoy por Hoy 2003/04/03
03 abr 2003 - 05:00 AM
