Como los hechos lo demuestran, Estados Unidos está pagando un precio alto por una diplomacia a todas luces incoherente. Si su política exterior fuera lógica, las bombas que ahora soporta Irak las debería soportar Arabia Saudí. En efecto, nadie discute hoy la responsabilidad de las familias saudíes en el atentado contra las Torres Gemelas. Los principales terroristas salieron de allí y el propio Osama bin Laden pertenece a esa clase. Muy tarde los estadounidenses se dieron cuenta de que los saudíes también hacen política con las dos manos: con la derecha cobran en dólares la venta del petróleo y con la izquierda financian al terrorismo. Ahora, una coalición de pocos países reacciona contra Irak, pero ya le está mostrando los colmillos a Irán. Se sabe que lo que se propone el gobierno de Bush en el Golfo es no solo asegurar el suministro petrolero, sino también instalar la democracia y la economía de mercado en una región que, por buenas y malas razones, siempre ha rechazado estas categorías occidentales. El problema de la guerra sigue siendo "el día siguiente". Allí es donde se pondrá a prueba la consistencia de una victoria militar y la solidez de un proyecto que se presenta como civilizador, pero que a juzgar por los métodos empleados sigue siendo una vuelta de tuerca más de la barbarie.
Hoy por Hoy 2003/03/26
26 mar 2003 - 05:00 AM
