Apenas el Gobierno logró que la Asamblea Legislativa aprobara la reforma tributaria y el uso del Fondo Fiduciario, se paralizó el diálogo nacional para la reactivación económica. Este diálogo se inició en el 2002 con el propósito de discutir tres grandes temas: las finanzas públicas, el desempleo y el comercio exterior, aunque estos dos últimos nunca fueron discutidos. Lo curioso es que ni la clase empresarial ni los trabajadores ni los partidos políticos que participaron en este foro han reclamado su continuidad. El Gobierno había prometido que si se aprobaban los temas incluidos en las finanzas públicas el país obtendría una mejor evaluación de las calificadoras de riesgos, lo que produciría de inmediato que la tasa de interés de los préstamos disminuyeran, y que entonces los inversionistas se interesarían en Panamá. La verdad es que estas calificadoras apenas mantienen la misma evaluación a Panamá, y han hecho énfasis en la necesidad de que el Gobierno realice cambios más profundos en el manejo de los recursos públicos. A pesar del diálogo, la economía sigue estancada, el pueblo sigue pidiendo empleo y la deuda pública continúa creciendo. Una vez más, se desaprovechó la gran oportunidad para resolver el problema que más afecta al país: el nulo crecimiento económico que ha generado que la pobreza arrope a casi la mitad de la población.
Hoy por Hoy 2003/03/10
10 mar 2003 - 05:00 AM
