Cuentan que la noche del estreno de la obra Las nubes, de Aristófanes, uno de los primeros en llegar al teatro fue Sócrates, quien era blanco de críticas descarnadas en la obra en cuestión. Para calmar a uno de sus discípulos, preocupado en extremo por las burlas a las que iba a ser sometido el maestro, el filósofo alegó que si las críticas eran fundamentadas, le proporcionarían una muy buena ocasión para corregirse. Si, por el contrario, eran infundadas, no había razón para inquietarse. Claro que nuestros funcionarios están lejos de asemejarse al sabio griego, y no pierden ocasión de evidenciar las miras estrechas y la mediocridad que tiñe sus pensamientos y acciones. Y asusta escuchar que las críticas hechas por prestantes figuras de la vida nacional sean rechazadas con acusaciones del talante de "campaña para desacreditar al gobierno", "atentado contra la salud y educación del pueblo panameño", y con el trillado calificativo de "malos panameños". Exactamente los mismos instrumentos de que se valían los personeros de la dictadura militar para atacar a la oposición cuando arreció la lucha civilista a finales de la década de los 80. Resulta inútil esperar que el debate político nacional eleve su nivel cuando ante argumentos responsables y sólidos se responde con tan pobres argucias. Pobre Panamá.
Hoy por Hoy 2003/03/09
09 mar 2003 - 05:00 AM