Del síndrome populista que ataca a buena parte de los políticos locales es hija la idea de trasladar a una ciudad del interior de la república la sesión inaugural del próximo periodo legislativo. La Constitución Política fija las fechas exactas del inicio y final de los dos ciclos legislativos anuales. El próximo empieza el primero de marzo, justamente el día en que arranca el jolgorio del Carnaval. Por imperativo constitucional, los 71 legisladores tienen que trabajar un par de horas en pleno furor carnavalesco. Para hacer leve la obligación, a alguien se le ocurrió reubicar el escenario de la reunión del palacio legislativo Justo Arosemena. Los 'padres de la Patria' no se imponen límites cuando se trata de la demagogia y la ociosidad. Son iniciativas con la patente del adulador del pueblo, como definía Aristóteles al demagogo. Las ciudades del interior requieren recursos y solución real a sus necesidades, y no demagogos convertidos en turistas emergentes. Una sede temporal legislativa no solo generará un pandemonium en la localidad elegida, sino que acarreará costos adicionales a un Estado con una crisis deficitaria que los 'maquillajes' contables no consiguen ocultar. Lo peor de todo es que se despiertan falsas expectativas en las regiones interioranas, como ha sucedido con los Consejos de Gabinete nómadas. La Asamblea se ha acostumbrado a aprovechar el Carnaval para aprobar leyes impopulares, los benditos carnavalazos. En esta ocasión se pretende ir de rumba al interior.
Hoy por Hoy 2003/02/21
21 feb 2003 - 05:00 AM
